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El Destino InvisibleEcos & TineblasPerfecto




 

Breve Crónica. La Prehistoria:


El Origen:

Año 1991. Se termina la revista Fierro. Deja de salir. No hay más nada. Chau. Se fue. Fueron también la Coctel, Puertitas y sefiní. Continua más o menos Columba y Record, con lo mismo de siempre. Pero no vale. Al mismo tiempo el indígena pampeano urbanizado realiza un fantástico descubrimiento que luego resultaría no ser tan fantástico: la comiquería.
Aparece algo que se llama el Cazador y es el único candidato a darle un poco de supervivencia a la historieta argentina, aunque nunca se lo haya propuesto. Todos los profesionales que trabajan, lo hacen para el exterior. El diagnóstico es unánime: la historieta argentina crepó por ahora. No hay más.
En las comiquerías se vende otra cosa (y eso es lo único que no va a cambiar). Pero hay otro asunto que es tan o más interesante: las Commodore 64 que la gente se compró en los 80's para escribir, jugar con el dataset o para darle pinta al negocio están siendo reemplazadas por otra cosa llamada P.C que trae algo llamado Windows. Y hay una novedad: ¡estas computadoras sirven! No sólo se puede escribir y jugar con el teclado. También se pueden diseñar revistas e incluso imprimir películas y vegetales.

Los Pioneros (Más o menos):

Muchos nos criamos en los 80's leyendo historietas, desde la habitual y gloriosa Fierro, Nippur, Skorpio hasta las españolas como el Víbora, Zona 84, Cimoc, etc. Y ahora queremos hacer historietas.
Muchos profesionales, viendo que el trabajo es tan fabuloso como en otras épocas, comienzan a dar clases. Y así como antes pasó con las comiquerías, pasa ahora con los talleres de historieta. En cada barrio aparece uno. Y muchos de nosotros (acá aparecemos) niñatos inexpertos en toda disciplina existente, comenzamos algún que otro taller. Y cuando llegamos a casa prendemos la PC. Dibujar con el Paintbrush nos parece genial, el Corel 2 no lo entendemos demasiado (el vector no existe en el papel).
Ya tenemos algunas historietas hechas, y algo hay que hacer con todo eso. Si bien ya se había hecho antes, para nosotros fue un descubrimiento: ¡hagamos nuestra propia revista! Así es como aproximadamente en 1994, comienzan a aparecer nuevos fanzines y revistitias de autores totalmente desconocidos. La mayoría se reparten entre las comiquerías de por aquel entonces y el Parque Rivadavia, nada más. Todo era blanco y negro, en fotocopias o fotoduplicación. Sólo algún que otro atrevido alcanzaba el off-set.
Y ahí comenzó la cosa. Tardarán años hasta que algo de toda esa argamasa se cimente. Pero en el transcurso pasarán miles de cosas.
Desde 1994 hasta 1997 fueron apareciendo varias revistas y fanzines (Comiqueando, Catzole, Megaultra, el Tripero, Aspid, el Lápiz Japonés, Suélteme, etc), tanto en Buenos Aires como en el interior. Cada cual hacía su propio caminito y apenas si se cruzaban de vez en cuando en el Parque Rivadavia o en las comiquerías.
En 1996 aparece algo llamado Fantabaires y milagrosamente tenía que ver con el cómic. A diferencia de los salones europeos, que son organizados por las editoriales o los ayuntamientos, Fantabaires es organizado por una incipiente comiquería llamada El Club del Cómic, la revista Comiqueando, la única revista dedicada a la información de aquellos años, y la revista La Cosa (si había alguno más, disculpen, no me acuerdo).